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Esta foto tomada por Mario Ruiz es la ganadora del Salón Internacional del Fotoperiodismo 2013 en Chile, el cual premió las mejores capturas que se realizaron durante los sucesos que conmovieron la contingencia nacional del año 2012.
En ella aparecen dos encapuchados, ambos con uniforme escolar, una polera que les tapa el rostro y un camote en la mano libre. El gesto de tomarse la mano, mostrando el compañerismo, pero también mostrando humanidad, se contrapone con la imágen mediática que la TV ha configurado sobre los “capuchas”. Primero fueron llamados “lumpen”, luego “inútiles y subversivos”, pronto aparecieron como “terroristas”, luego “vándalos” y ahora vamos en “violentistas”.
Palabras más o palabras menos, estos jóvenes son los que están cambiando nuestra historia. Todos sabemos que la educación gratuita y calidad no le conviene a quienes hoy se perpetuan en el poder; como también sabemos que ese uso del poder es violento, al desconocer día tras día los derechos básicos de los chilenos, independiente de su edad.
La pregunta que vale hacerse es ¿Por qué hay una violencia permitida y otra violencia censurable? ¿Por qué los jóvenes no pueden defenderse con violencia si son ellos los que viven la violencia de las instituciones académicas, de salud, de cultura? El Servicio Nacional de Menores (SENAME) es sólo el caso paradigmático; pero pensemos por ejemplo en los trabajos part time a los que ellos pueden optar ¿Cuán diferente son las violencias de ese maltrato? Pensemos en las adolescentes que no pueden decidir sobre su cuerpo, pensemos en sus padres explotados por sus jefes. Pero pensemos también en los profesores de estos adolescentes que ganan un moco, que soportan el stress de 42 alumnos por aula, que comen fideos pegados todos los días, que se llevan pega para la casa, que los despiden y re-contratan todos los veranos y, que además, deben hacerle creer al cabro que sabe que no tiene futuro, que sí lo tiene.
Si volvemos a la foto, vemos que atrás de ellos está el mitin en acción contra los pacos. Sin embargo, ellos salen de la escena de frente, tapados pero de frente; van amparados en las únicas armas que tienen a mano: sus mochilas y las piedras.
